Martin Heidegger: el hombre, según la fábula de Higinio (texto 1)
La siguiente autointerpretación del «ser ahí» como «cura» está sedimentada en una vieja fábula:
Una vez llegó Cura a un río y vio terrones de arcilla. Cavilando, cogió un trozo y empezó a modelarlo. Mientras piensa para sí qué había hecho, se acerca Júpiter. Cura le pide que infunda espíritu al modelado trozo de arcilla. Júpiter se lo concede con gusto. Pero al querer Cura poner su nombre a su obra, Júpiter se lo prohibió, diciendo que debía dársele el suyo. Mientras Cura y Júpiter litigaban sobre el nombre, se levantó la Tierra (Tellus) y pidió que se le pusiera a la obra su nombre, puesto que ella era quien había dado para la misma un trozo de su cuerpo. Los litigantes escogieron por juez a Saturno. Y Saturno les dio la siguiente sentencia evidentemente justa: Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu, lo recibirás a su muerte; tú, Tierra, por haber ofrecido el cuerpo, recibirás el cuerpo. Pero por haber sido Cura quien primero dio forma a este ser, que mientras viva lo posea Cura. Y en cuanto al litigio sobre el nombre, que se llame homo, puesto que está hecho de humus (tierra)».
Este testimonio preontológico cobra una especial significación por el hecho de que no sólo ve en la «cura» aquello a que está entregado el «ser ahí» humano «durante su vida», sino que esta primacía de la «cura» aparece en conexión con la conocida concepción del hombre como el compuesto de cuerpo (tierra) y espíritu. [...]: este ente tiene el «origen» de su ser en la cura. [...]: el ente no es abandonado por este origen, sino retenido, dominado por él mientras este ente «es en el mundo». El «ser en el mundo» tiene el sello «entiforme» de la «cura». Su nombre (homo) lo recibe este ente no de su ser, sino de aquello de que está hecho (humus). En qué se haya de ver el ser «original» de esta obra, lo dice la sentencia de Saturno: en el «tiempo». La definición preontológica de la esencia del hombre dada en la fábula ha fijado de antemano su vista, según esto, en aquella forma de ser que domina su paso temporal por el mundo.
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El ser y el tiempo, FCE, México 1974, 5ª ed., p. 218-219.
José Ortega y Gasset: la superación del idealismo y «mi vida» como dato de la filosofía (texto 2)
El mundo exterior no existe sin mi pensarlo, pero el mundo exterior no es mi pensamiento, yo no soy teatro ni mundo -soy frente a este teatro, soy con el mundo-, somos el mundo y yo. Y generalizando, diremos: el mundo no es una realidad subsistente en sí con independencia de mí -sino que es lo que es para mí o ante mí y, por lo pronto, nada más. Hasta aquí marchamos con el idealismo. Pero agregamos: como el mundo es sólo lo que me parece que es, será sólo ser aparente y no hay razón ninguna que obligue a buscarle una substancia tras de esa apariencia -ni a buscarla en un cosmos sub-stante, como los antiguos, ni a hacer de mí mismo substancia que lleve sobre sí, como contenidos suyos o representaciones, las cosas que veo y toco y huelo e imagino. Este es el gran prejuicio antiguo que debe eliminar la ideología actual. Estamos este teatro y yo frente a frente el uno del otro, sin intermediario: él es porque yo lo veo y es, indubitablemente, al menos lo que de él veo, tal y como lo veo, agota su ser en su aparecerme. Pero no está en mí ni se confunde conmigo: nuestras relaciones son pulcras e inequívocas. Yo soy quien ahora lo veo, él es lo que ahora yo veo -sin él y otras cosas como él, mi ver no existiría, es decir, no existiría yo. Sin objetos no hay sujeto. El error del idealismo fue convertirse en subjetivismo, en subrayar la dependencia en que las cosas están de que yo las piense, de mi subjetividad, pero no advertir que mi subjetividad depende también de que existan objetos. El error fue el hacer que el yo se tragase el mundo, en vez de dejarlos a ambos inseparables, inmediatos y juntos, mas por lo mismo, distintos. Tan ridículo quid pro quo fuera decir que yo soy azul porque veo objetos azules, como decir que el objeto azul es un estado mío, parte de mi yo, porque sea visto por mí. Yo soy siempre conmigo, no soy sino lo que pienso que soy, no puedo salir de mí mismo -pero para encontrar un mundo distinto de mí no necesito salir de mí, sino que está siempre junto a mí y que mi ser es un ser como el mundo. Soy intimidad, puesto que en mí no entra ningún ser trascendente, pero a la vez soy lugar donde aparece desnudo el mundo, lo que no soy yo, lo exótico de mí. El mundo exterior, el Cosmos, me es inmediato y, en este sentido, me es íntimo, pero él no soy yo y en este sentido me es ajeno, extraño.
Necesitamos, pues, corregir el punto de partida de la filosofía. El dato radical del Universo no es simplemente: el pensamiento existe o yo pensante existo -sino que si existe el pensamiento existen, ipso facto, yo que pienso y el mundo en que pienso- y existe el uno con el otro, sin posible separación. Pero ni yo soy un ser substancial ni el mundo tampoco -sino que ambos somos en activa correlación: yo soy el que ve el mundo y el mundo es lo visto por mí. Yo soy para el mundo y el mundo es para mí. Si no hay cosas que ver, pensar e imaginar, yo no vería, pensaría o imaginaria- es decir, yo no sería.
(En un rincón de la obra de Leibniz, donde hace rápida crítica de su antecesor Descartes, hace notar que, a su juicio, no hay una sola verdad primera sobre el Universo, sino dos igualmente e inseparablemente originarias: una reza: sum cogitans, existe el pensamiento, y la otra dice: plura a me cogitantur -muchas cosas son pensadas por mí. Es sorprendente que hasta ahora no se haya aprovechado esta gran ocurrencia, ni siquiera por el propio Leibniz.
En suma, señores, que al buscar con todo rigor y exacerbando la duda cuál es el dato radical del Universo, qué hay indudablemente en el Universo, me encuentro con que hay un hecho primario y fundamental que se pone y asegura a sí mismo. Este hecho es la existencia conjunta de un yo o subjetividad y su mundo. No hay el uno sin el otro. Yo no me doy cuenta de mí sino como dándome cuenta de objetos, de contorno. Yo no pienso si no pienso cosas -por tanto, al hallarme a mí hallo siempre frente a mí un mundo. Yo, en cuanto subjetividad y pensamiento, me encuentro como parte de un hecho dual cuya otra parte es el mundo. Por tanto, el dato radical e insofisticable no es mi existencia, no es yo existo -sino que es mi coexistencia con el mundo.
La tragedia del idealismo radicaba en que habiendo transmutado alquímicamente el mundo en «sujeto», en contenido de un sujeto, encerraba a éste dentro de sí y luego no había manera de explicar claramente cómo si este teatro es sólo una imagen mía y trozo de mí, parece tan completamente distinto de mí. Pero ahora hemos conquistado una situación completamente diferente: hemos caído en la cuenta de que lo indubitable es una relación con dos términos inseparables: alguien que piensa, que se da cuenta y lo otro de que me doy cuenta. La conciencia sigue siendo intimidad, pero ahora resulta íntimo e inmediato no sólo con mi subjetividad, sino con mi objetividad, con el mundo que me es patente. La conciencia no es reclusión, sino al contrario, es esa extrañísima realidad primaria, supuesto de toda otra, que consiste en que alguien, yo, soy yo precisamente cuando me doy cuenta de cosas, de mundo. Esta es la soberana peculiaridad de la mente que es preciso aceptar, reconocer y describir con pulcritud, tal y como es, en toda su maravilla y extrañeza. Lejos de ser el yo lo cerrado es el ser abierto por excelencia. Ver este teatro es justamente abrirme yo a lo que no soy yo.
Esta nueva situación ya no es paradójica: coincide con la actitud nativa de la mente, la conserva y reconoce su buen sentido. Pero también salva de la tesis realista, que sirve de base a la filosofía antigua, lo esencial de ella: que el mundo exterior no es ilusión, no es alucinación, no es mundo subjetivo. Y todo esto lo logra la nueva posición insistiendo y depurando la tesis idealista cuya decisiva afirmación consiste en advertir que sólo existe indubitablemente lo que a mí me parece existir. ¿Ven ustedes cómo las ideas hijas, las verdades noveles, llevan en el vientre a sus madres a las verdades viejas, a las fecundas verdades viejas? Repetimos: toda superación es conservación. No es verdad que radicalmente exista sólo la conciencia, el pensar, el yo. La verdad es que existo yo con mi mundo y en mi mundo -y yo consisto en ocuparme con ese mi mundo, en verlo, imaginarlo, pensarlo, amarlo, odiarlo, estar triste o alegre en él y por él, moverme en él, transformarlo y sufrirlo. Nada de esto podría serlo yo si el mundo no coexistiese conmigo, ante mí, en mi derredor, apretándome, manifestándose, entusiasmándome, acongojándome.
Pero ¿qué es esto? ¿Con qué hemos topado indeliberadamente? Eso, ese hecho radical de alguien que ve y ama y odia y quiere un mundo y en él se mueve y por él sufre y en él se esfuerza -es lo que desde siempre se llama en el más humilde y universal vocabulario «mi vida». ¿Que es esto? Es, sencillamente, que la realidad primordial, el hecho de todos los hechos, el dato para el Universo, lo que me es dado es... «mi vida» -no mi yo solo, no mi conciencia hermética, estas cosas son ya interpretaciones, la interpretación idealista. Me es dada «mi vida», y mi vida es ante todo un hallarme yo en el mundo; y no así vagamente, sino en este mundo, en el de ahora, y no así vagamente en este teatro, sino en este instante, haciendo lo que estoy haciendo en él, en este pedazo teatral de mi mundo vital -estoy filosofando. Se acabaron las abstracciones. Al buscar el hecho indubitable no me encuentro con la cosa genérica pensamiento, sino con esto: yo que pienso en el hecho radical, yo que ahora filosofo. He aquí cómo la filosofía lo primero que encuentra es el hecho de alguien que filosofa, que quiere pensar el universo y para ello busca algo indubitable. Pero encuentra, nótenlo bien, no una teoría filosófica, sino al filósofo filosofando, es decir, viviendo ahora la actividad de filosofar como luego, ese mismo filósofo, podrá encontrarse vagando melancólico por la calle, bailando en un dancing o sufriendo un cólico o amando la belleza transeúnte. Es decir, encuentra el filosofar, el teorizar como acto y hecho vital, como un detalle de su vida y en su vida, en su vida enorme, alegre y triste, esperanzada y pavorosa.
Lo primero, pues, que ha de hacer la filosofía es definir ese dato, definir lo que es «mi vida», «nuestra vida», la de cada cual. Vivir es el modo de ser radical: toda otra cosa y modo de ser lo encuentro en mi vida, dentro de ella, como detalle de ella y referido a ella. En ella todo lo demás es y es lo que sea para ella, lo que sea como vivido. La ecuación más abstrusa de la matemática, el concepto más solemne y abstracto de la filosofía, el Universo mismo, Dios mismo son cosas que encuentro en mi vida, son cosas que vivo. Y su ser radical y primario es, por tanto, ese ser vividas por mí, y no puedo definir lo que son en cuanto vividas si no averiguo qué es «vivir» Los biólogos usan la palabra «vida» para designar los fenómenos de los seres orgánicos. Lo orgánico es tan sólo una clase de cosas que se encuentran en la vida junto a otra clase de cosas llamadas inorgánicas. Es importante lo que el filósofo nos diga sobre los organismos, pero es también evidente que al decir nosotros que vivimos y hablar de «nuestra vida», de la de cada cual, damos a esta palabra un sentido más inmediato, más amplio, más decisivo. El salvaje y el ignorante no conocen la biología y, sin embargo, tienen derecho a hablar de «su vida» y a que bajo ese termino entendamos un hecho enorme, previo a toda biología, a toda ciencia, a toda cultura el hecho magnífico, radical y pavoroso que todos los demás hechos suponen e implican. El biólogo encuentra la «vida orgánica» dentro de su vida propia, como un detalle de ella: es una de sus ocupaciones vitales y nada más. La biología, como toda ciencia, es una actividad o forma de estar viviendo. La filosofía es, antes, filosofar, y filosofar es, indiscutiblemente, vivir -como lo es correr, enamorarse, jugar al golf, indignarse en política y ser dama de sociedad. Son modos y formas de vivir.
Por tanto, el problema radical de la filosofía es definir ese modo de ser, esa realidad primaria que llamamos «nuestra vida». Ahora bien, vivir es lo que nadie puede hacer por mí -la vida es intransferible-, no es un concepto abstracto, es mi ser individualísimo. Por vez primera, la filosofía parte de algo que no es una abstracción.
Este es el nuevo paisaje que anunciaba -el más viejo de todos, el que dejábamos siempre a la espalda. La filosofía, para empezar, va detrás de sí misma, se ve como forma de vida, que es lo que es concretamente y en verdad: en suma, se retrae a la vida, se sumerge en ella -es, por lo pronto, meditación de nuestra vida. Paisaje tan viejo es el más nuevo. Tanto que es el descubrimiento enorme de nuestro tiempo. Tan nuevo es que no sirven para él ninguno de los conceptos de la tradicional filosofía: ese modo de ser que es vivir requiere las nuevas categorías -no las categorías del antiguo ser cósmico; se trata precisamente de evadirse de ellas y encontrar las categorías del vivir, la esencia de «nuestra vida».
Hemos hallado una realidad radical nueva -por tanto, algo radicalmente distinto de lo conocido en filosofía-, por tanto, algo para lo cual los conceptos de realidad y de ser tradicionales no sirven. Si, no obstante, los usamos es porque antes de descubrirlo y al descubrirlo no tenemos otros. Para formarnos un concepto nuevo necesitamos antes tener y ver algo novísimo. De donde resulta que el hallazgo es, además de una realidad nueva, la iniciación de una nueva idea del ser, de una nueva ontología -de una nueva filosofía y, en la medida en que ésta influye en la vida, de toda una nueva vida -vita nova. [...]
Para los antiguos, realidad, ser, significaba «cosa»; para los modernos, ser significaba «intimidad subjetividad»; para nosotros, ser significa «vivir» -por tanto-, intimidad consigo y con las cosas. [...] El dato radical, decíamos, es una coexistencia de mí con las cosas. Pero apenas hemos dicho esto nos percatamos de que denominar «coexistencia» al modo de existir yo con el mundo, a
esa realidad primaria, a la vez unitaria y doble, a ese magnífico hecho de esencial dualidad, es cometer una incorrección. Porque coexistencia no significa más que estar una cosa junto a la otra, que ser la una y la otra. El carácter estático, yacente, del existir y del ser, de estos dos viejos conceptos, falsifica lo que queremos expresar. Porque no es el mundo por sí junto a mí y yo por mi lado aquí, junto a él -sino que el mundo es lo que está siendo para mí, en dinámico ser frente y contra mí, y yo soy el que actúo sobre él, el que lo mira y lo sueña y lo sufre y lo ama o lo detesta. El ser estático queda declarado cesante -ya veremos cuál es su subalterno papel- y ha de ser sustituido por un ser actuante. El ser del mundo ante mí es diríamos -un funcionar sobre mí, y, parejamente, el mío sobre él. Pero esto -una realidad que consiste en que un yo vea un mundo, lo piense, lo toque, lo ame o deteste, le entusiasme o le acongoje, lo transforme y aguante y sufra, es lo que desde siempre se llama «vivir», «mi vida», «nuestra vida», la de cada cual. Retorceremos, pues, el pescuezo a los venerables y consagrados vocablos existir, coexistir y ser, para, en vez de ellos, decir: lo primario que hay en el Universo es «mi vivir» y todo lo demás lo hay, o no lo hay, en mi vida, dentro de ella. Ahora no resulta inconveniente decir que las cosas, que el Universo, que Dios mismo son contenidos de mi vida -porque «mi vida» no soy yo solo, yo sujeto, sino que vivir es también mundo.
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¿Qué es filosofía?, en «Obras Completas», Revista de Occidente, Madrid 1966-1969, vol. VII, p. 401-411.
CAPÍTULO II SEGUNDA PARTE.
ResponderEliminar1. Señala cuales son, según Husserl, las principales "estructuras" y "tipos" de mundo de la vida:
1º El cuerpo: somos una unidad anímico-corporal o estructura psicoorgánica. La primera estructura del mundo de la vida es que tiene el cuerpo como centro, este determina nuestro lugar en el espacio y es el centro de orientación para toda experiencia.
2º La tierra es la base primordial de nuestra experiencia. En ella, la tierra, los objetos accesibles a la experiencia se determinan en su situación. No es por tanto un objeto más de nuestra experiencia, es inmóvil.
3º Comunidad o sociedad. En el mundo no estamos solos, sino con otros, de manera que los otros forman parte de mi mundo de la vida. El mundo de la vida no es únicamente mundo para mí, para el individuo, sino que es mundo comunitario. La otras personas son también en el mundo.
4º Cultura e historia. El mundo que conocemos es fruto del cultivo de otras personas que lo han constituido, construido y edificado, de generación en generación.
5º Mundo diferenciado. Tanto en la geografía, el clima, la diversas culturas, Tradiciones, los distintos ámbitos o sistemas de acción humana en la política, la economía, la religión.
2. ¿A qué hace referencia la idea de constitución del mundo?
Husserl con la idea de constitución del mundo, pretende explicar cuál es el origen y cómo se constituye el mundo que conocemos. Un mundo que el sujeto cuando entra a formar parte de él, se lo encuentra dado, pero es un mundo que se ha ido configurando con el tiempo, y es fruto de las generaciones anteriores a nosotros, que han ido edificando todo lo que conocemos, creemos, pensamos…
3. Haz un esquema en el que aparezcan las principales caraterísticas de las cuatro definiciones posibles de mundo.
a) Mundo cosmológico.
Entendemos por mundo cosmológico a todo el conjunto de cosas, de seres, el conjunto de todos los seres finitos. Es el mundo objetivo por excelencia, objeto de las ciencias naturales.
b) Mundo sociológico.
Se entiende con mundo sociológico al mundo humano, el conjunto de relaciones humanas, de estructuras sociales, de grupos de poder,
c) El mundo como trascendental. ?????
4. Haz un comentario de los siguientes textos relacionándolos con el contenido del tema "El hombre como ser-en-el-mundo".
ResponderEliminarComentario al primer texto:
Me parece un texto muy interesante, las palabras que más destaco del mismo son: arcilla, forma y espíritu. Estas tres configuran y constituyen, según la fábula, al hombre. Lo que me llama la atención de todo esto es que el hombre a pesar de ser un compuesto de cosas distintas, en sí sea una sola cosa, y que él no se entiende a sí mismo sino como una unidad. Al hombre nadie le ha pedido permiso para hacer que sea, y es varias cosas distintas, pero a la vez es una sola cosa. Es verdaderamente frustrante. El hombre no se puede quedar en pensar que es sólo una forma, pero es forma, a la vez no puede pensar que sólo es espíritu, sin el espíritu no se entendería, a la vez no puede ser sólo un cuerpo de tierra sería absurdo porque el hombre tiene la capacidad de trascender la realidad.
La AF gira entorno a una pregunta ¿qué es el hombre?, me parece que cuando terminemos el curso esta pregunta seguirá siendo pregunta, pero una pregunta no frustrante, sino misteriosa apasionante y divina…
comentario al segundo texto:
Es un texto que a mi personalmente me apasiona, es hermosísimo. Y ¿por qué razón me parece un texto maravilloso? Porque te pone frente a frente con tu existencia, te ilumina te hace ver que existes que estás vivo, que eres. Tenemos una oportunidad única que nunca jamás se volverá a repetir, el aquí y ahora. Y ¿qué respondemos ante esta existencia maravillosa? ¿acaso nuestra respuesta es vivir como dormidos sin darnos cuenta de que somos algo? ¿cómo hacer para no caer en esa ensoñación en la que caemos continuamente? La vida es apasionante, pero sólo se convierte en algo alucinante cuando tomamos conciencia de que somos, no importa el qué somos, no importa que no sepamos dar la respuesta de es cuestión, el hecho simple y grandioso de saber que soy basta, se convierte en algo infinito. Dejaría de ser alucinante si supiéramos las respuestas a las preguntas. Creo que lo que debemos hacer es alcanzar es la cumbre, lo alto de la montaña desde donde podemos contemplar el horizonte de un misterio que no tiene respuesta ni límite, TAN SÓLO ES.
Todo el texto gira entorno a la relación de mundo y hombre, justificando que ambos coexisten el uno hace al otro, ninguno existe sin el otro. La existencia conjunta de un yo o subjetividad y su mundo. El autor dice: “La verdad es que existo yo con mi mundo y en mi mundo -y yo consisto en ocuparme con ese mi mundo, en verlo, imaginarlo, pensarlo, amarlo, odiarlo, estar triste o alegre en él y por él, moverme en él, transformarlo y sufrirlo. Nada de esto podría serlo yo si el mundo no coexistiese conmigo, ante mí, en mi derredor, apretándome, manifestándose, entusiasmándome, acongojándome.”
Hola a todos, es mi primera vez, un saludo. Cuando tenga algo, lo colgaré.
ResponderEliminarSegún Husserl tenemos: EL CUERPO, somos psicoorganismos, el punto cero o centro al que nuestros sentidos y órganos sensoriales dan la información de lo que está fuera y alrededor nuestro. Mundo cercano o mundo familiar y mundo lejano o mundo extraño. Con los conocimientos del primero puedo abrirme paso en el segundo, aprender a vivir en los diferentes mundos.
ResponderEliminarLA TIERRA sin la que no habría soporte que “es la base primordial de nuestra experiencia” Es lo primero que percibo y camino sobre ella. Todo lo que percibo se soporta en ella.
LA COMUNIDAD o SOCIEDAD, para Husserl parece que el hombre es un ser que se relaciona, no está solo. Esta relación forma sociedades de personas que interactúan entre sí, aparte de con el mundo.
CULTURA e HISTORIA. El mundo de la vida es como es porque nosotros lo forjamos así y así seguiremos haciéndolo durante generaciones y así ha sido históricamente.
MUNDO DIFERENCIAL. La cultura y la historia de todos los hombres que pisamos la tierra (incluso de los que están en la luna, jeje) son factores para que tengamos diferencias en el mundo de la vida, además de la geografía o el clima; así se configuran mundos diferentes dentro del mundo de la vida, diferentes tipos de mundo posibles. La importancia de éstos estriba en que con ellos hay una ruptura con el punto de vista científico (mundo unificado), en el que las leyes rigen para todo por igual, existe una unificación.
2. Me parece entender que el mundo que conocemos, al que llegamos al nacer está determinado por la sociedad o comunidad en la que nazco. Hasta ahí, de acuerdo. Pero luego me da la impresión de que la idea se vuelve un poco triste: no podemos cambiarlo porque éste nos limita. Al llegar a este punto se me hace difícil distinguir entre mundo preexistente y configurado, entiendo que es uno y otro pero lo del movimiento circular.
ResponderEliminar3. a) MUNDO COSMOLÓGICO: creación frente a creador. Mundo objetivo o material. Es todo el mundo (el universo), puedo hacerme una idea de éste, pero es la ciencia la que da cuenta de él, lo explica y nos lo enseña. Formamos parte del mundo ya que "nació" del big bang original.
ResponderEliminarb) MUNDO SOCIOLÓGICO: el de la comunidad y la vida pública, en el que "ser-en-el-mundo" es participar de las estructuras que configuran el mundo, de sus leyes y principios. Este mundo está formado por multitud de submundos, según el ámbito de acción, la cultura, las tradiciones... cada uno con sus propias reglas y valores.
c) MUNDO TRASCENDENTAL: actúo según conozco. Puedo conocer y actuar a medida que el mundo se convierte en "mi mundo", el de mi conocimiento, que puedo explicar. Así en éste comprendo y entiendo.
d)MUNDO FENOMENOLÓGICO: el mundo práctico, que el hombre usa, en el que actúa con herramientas (carpintero, medico, albañil, estudiante, ama de casa...). El fenómeno del hombre en el mundo, qué hace.
La idea heideggeriana de la "cura" o el "cuidado", que aparece personificada en el texto, hace referencia a su concepción del Dasein como "ser-en-el-mundo". La imposible separación del "ser-en" tiene que ver con el rechazo de la identificación del Mundo como "mero objeto de conocimiento" o de "manipulación". Se trata de una concepción alternativa al "intelectualismo" dominante en la tradición filosófica desde los griegos. De tal modo que el "ser-en" se revela primariamente como "cuidado". Ortega lo traduce como "ocupación" y "preocupación": vivir es originariamente preocupación, cura, cuidado. La relación yo-mundo es intrínsecamente dinámica. Vivir es un tener que hacer, un tener que ser...
ResponderEliminarRespecto al segundo texto de Ortega, abunda en la misma idea de "ser-en-el-mundo", en esa relación dinámica yo-mundo que consiste básicamente en un ocuparse de cosas (Besorgen).
Respecto a la cuestión de las estructuras y tipos de mundo de la vida (Husserl)resaltar sobre todo lo relativo al "cuerpo" y a la "tierra" como elementos estructuradores de mundo. Cuando hablamos del cuerpo hablamos de unidad anímico-corporal (soma) o de "carne" como traduce Ortega, o de "cuerpo concienciado" al decir de otro fenomenólogo llamado Merleau-Ponty. Nos es posible referirnos a un mundo en-entorno desde nuestro cuerpo como "centro". El cuerpo no es una cosa más del mundo. Lo mismo pasa con la "Tierra". Desde la Revolución Científica reconocemos la evidencia de la movilidad de la Tierra, de su condición de periferia. Fenomenológicamente, al igual que ocurre cono el cuerpo, nos hallamos situados, localizados siempre. La Tierra como prolongación del cuerpo, elemento en el que arraiga y es sostenido, no se mueve y constituye una centralidad desde la que se muestra el conjunto de nuestras experiencias. La Tierra de la hablamos en la Astronomía es propiamente un objeto más del mundo. Esa si que es móvil y periférica, pero para poder decir móvil hemos de referirnos a una inmovilidad. Para poder hablar de periferia hemos de referirnos a una centralidad.
ResponderEliminarRespecto a la idea husserliana de "constitución del mundo" se refiere al carácter "subjetivo" o "intersubjetivo" del mundo. El mundo como interpretación comunitaria o resultado del intercambio de experiencias diversas. Esto parece claro. No hay Mundo sin sujeto, aunque no pueda decirse que el mundo quede reducido a mera representación de una subjetividad. Hablamos de experiencia de alguien (sujeto) pero también experiencia de algo (mundo). En este último sentido, cabe referirnos a un mundo preexitente u originario irreductible. Se trata por tanto, de afirmar la idea de mundo como correlato de una subjetividad (o intersubjetividad).
ResponderEliminarRespecto a las cuatro posibles "definiciones de mundo" parece que las dos primeras resultan claras. No tanto las dos últimas. La idea de mundo trascendental hace referencia a la idea de aquellas condiciones que hacen posible las diversas experiencias de un mundo (experiencia de conocimiento, experiencia moral). El mundo que se me aparece en los límites u horizontes de mi comprensión (Kant habla de condiciones que hacen posible el conocimiento de la realidad; Wittgenstein señala al lenguaje como condición de posibilidad del mundo, "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo").
ResponderEliminarEl "mundo fenomenológico" hace referencia a mundo "vivido" o vivencia de la conciencia. No se refiere tanto al mundo natural del sentido común. No es exactamente el mundo práctico o útil en el sentido lato. Husserl lo llama vivencias de un sujeto, Heidegger y Ortega lo llaman utensilios o pragmatas. Las cosas constituyen un tejido de relaciones que conforman una cadena de funcionalidades o respectividades. Heidegger dice de modo ilustrativo que un avión comercial en la pista del aeropuerto es algo más que un simple objeto, una máquina... es un útil (prágmata). "Está presente en la pista- dice Hiedegger - en cuanto máquina encargada de la posibilidad del transporte. Y para eso ella misma, en su construcción entera, en cada una de sus partes integrantes, debe ser capaz de asumir ese encargo, es decir, capaz de partir" (Heidegger, M., "La pregunta por la técnica")
Queda clarísimo que yo no soy sin el mundo y que éste no es sin mí. Probablemente, si Descartes hubiera llegado al mundo en otra época posterior a la suya y con otras circunstancias, nunca hubiera dicho aquello de "Cogito ergo sum", pero si hubiera un destino que le obligase a hacerlo, seguramente añadiría "in orbe".
ResponderEliminarSeguiremos luego.
ResponderEliminarTambién puedo ver que para los demás yo soy mundo; si esto es una ¿dualidad? hombre-mundo, y los demás me ven y yo veoa los demás como "cosas" en este mundo, luego también soy (o somos) mundo.
ResponderEliminarY sí, yo también filosofo, y seguro que mis compañeros también lo hacen, claro que mi filosofía es una filosofía de andar por casa, de economía de la vida, de llegar a fin de mes, de estar en un dancing bailando (esto me gustó mucho, darme cuenta de como cambia el mundo, antes dancing, lugo guateque y por último, disco y botellón), de admirar la belleza transeúnte.